viernes 27 de febrero de 2009

Sorpresa… ¿buena o mala?

Acabo de volver de Correos.
Hace 48 horas me encontré un papelito en el buzón. Esta vez no eran las cartas de mi vecino -¿a quién se le ocurre tener en el mismo edifico puerta “C” y puerta “Centro”?-, ni publicidad de la clínica dental de la esquina, ni siquiera los papelillos de precios que deja el chino cuando trae comida para algún otro inquilino. Hace 48 horas me encontré con un papel de Correos, un aviso de ausencia al intentar entregarme algo certificado.
La única información que contenía el papel era mi nombre escrito a mano, y también subrayada la frase “Recoger antes de 15 días”, aunque la casilla que la acompañaba no estaba marcada.
Nada de Remitente. Nada de número de intento, ni siquiera un mísero borrón de la impresora o un poco de tinta de boli corrida.
Nada que me haga pensar si es una carta, un paquete, o una bici envuelta que me ha tocado en un sorteo en el que no he participado.
Nada más, sólo mi nombre y un subrayado.

Mi primer pensamiento: multa.
Mi segundo pensamiento: hoy tengo que salir a correr, que ayer no salí.
Mi siguiente pensamiento: multa seguro, y encima me toca ir a buscarla.
Un momento, ¡pero si llevo dos meses sin coger el coche para algo más que dar una vuelta a la manzana y aparcarlo más cerca de casa!
No tiene sentido, ningún sentido.
Espera, ¿y si fuera de aquella vez que me pidieron la documentación pero no pareció que me pusieran una multa?
Na, no puede ser, lo único malo que hice ese día fue decirle al agente “¡¡No, Dios me libre!!” cuando me preguntó si había estado detenido alguna vez.
Aunque eso fue hace justo tres meses, así que las fechas más o menos cuadran…
Buf, no sé, y tampoco voy a conseguir nada dándole vueltas, así que dejo el papel en la entrada de casa.

Hoy, 48 horas después, he ido a Correos a desvelar el misterio. Y he pasado de una niebla densa y cegadora que no te permite ver al asesino hasta que es demasiado tarde, a tener los ojos como platos y quedarme paralizado.
Primera sorpresa: no tengo que firmar que lo he recibido, así que no debe ser una multa. Pero, ¿entonces qué es?
Segunda sorpresa: una cajita del tamaño de un CD doble.
Tercera sorpresa: Por delante una pegatina blanca con mi nombre y dirección perfectamente escritos, y otra pegatina azul con el siguiente texto en blanco “By Air Mail – Par Avion”. ¿Pero de dónde narices viene esto?
La persona que tengo detrás en la cola me pide que me aparte y abra mi cajita sin estorbar.
Por detrás, un remite con una empresa del Reino Unido. Allí sólo compro en Amazon, exceptuando hace poco que me descargué mi primer disco online, pero dudo que me lo manden en soporte físico gratis –por desgracia.

Abro la caja y me encuentro otra caja naranja con el logotipo GOLDEN MOMENTS dentro de un envase de plástico transparente.
¿Pero qué se supone que es esto?
Abro la caja naranja: Una cartulina naranja con el mismo logotipo.
Debajo, un taco de gomaespuma y un pendrive.
Enchufo el pendrive –de 1GB :). Se enciende una lucecilla roja en su interior, está chulo.
Se abre un vídeo con un montaje curioso. Creo que ya sé que es, aunque la intriga sigue comiéndome la cabeza: Estoy mirando esto en vez de echarme la siesta.

Y por fin se aclara:

Vale
Mi vale por una ruta a caballo


¡Tanta historia para esto!
La gente de mi empresa que escogió un vale como regalo de Navidad lo recibió durante las vacaciones, yo ya ni me acordaba. ¡Han pasado más de dos meses desde que lo elegí!
Bueno, más vale tarde que nunca.
Lo siguiente será disfrutarlo en primavera, que ya no queda nada ^_^

2 comments:

Enrique dijo...

Ya era hora que escribieras. P

Walker dijo...

Y tanto. Esta graciosa la historia, pero es verdad q las notas de correos rara vez son para algo bueno!!