Al final no han conseguido ser el primer anuncio de 2009, pero van a emitir el anuncio gratis en el segundo bloque.
¡Habrá que verlo!
miércoles 31 de diciembre de 2008
Compremos el primer anuncio de 2009 (y 2)
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MnGyver
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14:48
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Tags: Publicidad, televisión
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jueves 18 de diciembre de 2008
Compremos el primer anuncio de 2009
Gracias a Markarina me entero de una iniciativa muy interesante.
Un grupo de gente ha decidido comprar el primer anuncio de 2009 para hacer un anuncio sobre la gente normal, que transmita optimismo a todo el país.
Me parece una iniciativa maravilosa, y una gran forma de comenzar el año. Menos comercial y más humana.
Y si no consiguen suficiente dinero, todo lo que hayan recaudado irá a Médicos Sin Fronteras.
Más información en www.elprimeranunciode2009.com
Yo ya he enviado mi sms, ¿y tú?
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MnGyver
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09:19
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Tags: Publicidad, televisión
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miércoles 10 de diciembre de 2008
Mi mejor foto de 2008
En el foro de flickr ya han abierto el tema anual en el que cada usuario puede añadir la que considera su mejor foto del año. Echadle un vistazo, ¡hay fotos realmente buenas!
A mí me ha costado bastante. Desde luego este año no ha sido el mejor para hacer fotos, pero he conseguido encontrar una. Curiosamente una que no hice con mi cámara.
También podéis ver mi mejor foto de 2007
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MnGyver
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10:14
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Tags: Fotografía
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lunes 8 de diciembre de 2008
El campesino
Hace muchos muchos años, en una húmeda noche de otoño, con un viento del que no acompaña a las princesas de los cuentos de hadas, le ocurrió algo peculiar a un sencillo campesino. Una persona de gran corazón que siempre que podía ayudaba a otras personas que lo necesitaran. Unos días antes, con un brillante cielo azul y algo de frío, llegó a su casa un hombre enorme con unos pequeños anteojos que aumentaban sus diminutas pupilas. El hombre le pidió poder dormir en su casa para cobijarse del horrible frío de la noche y, de paso, conocer a fondo su pequeña ciudad, con sus hermosas murallas, iglesias y tabernas.
El campesino al principio dudó pero, como hemos dicho antes, tenía un gran corazón y acogió a aquel gran hombre de grandes manos y diminutas pupilas. Sólo le podía ofrecer un pequeño rincón con algo de paja. Podría parecer poco, pero le refugió de las noches húmedas y, además, le abrió su corazón y le mostró rincones ocultos de su ciudad donde aquel caballero de grandes dimensiones se encontraba cómodo y relajado. Tuvieron buena conversación para mantener el alma caliente, y bebieron jugos propios de la tierra en la que se encontraban para mantener el cuerpo caliente.
Cuando estaban en la mejor taberna de la ciudad, el tabernero les dijo: "Es hora de ir a dormir y olvidar los pesares y cansancios de la jornada, pero me han dicho que en el palacio hay una princesa de tierras lejanas rodeada por sus damas de compañía, y están celebrando que ella haya venido hasta aquí para ver a su amiga del alma". Tanto el campesino como el gran hombre estaban cansados, pero decidieron ir al palacio. Necesitaban que les dejaran entrar en aquella fascinante celebración, y sobornaron al tabernero para que les facilitara algo de bebida con la que distraer a los guardias, de forma que pudieran llegar más fácilmente hasta la princesa.
Todo funcionó a la perfección, pero al gran hombre le escaseaban las fuerzas; era tarde y había caminado todo el día. El campesino, a pesar de haber pasado un largo y frío día en el campo, no cejó en su empeño por conocer a la princesa.
Tras superar múltiples obstáculos, centenares de guardias inquisitivos, y a la dueña y señora del palacio que vigilaba la entrada y salida mejor que los propios guardias, consiguió reunirse con la princesa.
No tenía palabras para describir lo que sentía, una mezcla de temor y admiración ante su porte y elegancia, su deslumbrante belleza y, sobre todo lo demás, su ternura y simpatía.
Mientras él descubría todo esto y mucho más en la princesa, el gran hombre estaba cerca de desfallecer. El campesino no quería dejar a la princesa, le dolía no volver a verla, que sus oídos no volvieran a disfrutar de aquella manera. Finalmente, de nuevo por caridad, decidió llevar de nuevo a aquel gran hombre de pequeños anteojos a dormir en el rincón con paja, todo lo que le podía ofrecer.
Intentando no perder para siempre a la princesa, le dijo que preguntara por él, que el resto de campesinos sabían dónde se encontraba su morada. Pero ella
no podía salir de ese palacio salvo para ir al de su propia tierra, así que le dio un precioso sello de lacre con su escudo de armas y le dijo: "Escríbeme y nos volveremos a encontrar".
Él la escribió una vez se hubo marchado aquel gran hombre del que no volvería a saber nada pero al que tanto había ayudado. Para su regocijo, la princesa le respondió que volvería a aquel palacio en menos de siete días.
El campesino no se podía quitar a la princesa de la cabeza, pero era la época de la última cosecha y sólo podía recolectar y descansar. Cuando por fin hubo terminado, cuando ya casi se cumplían aquellos siete días, pensó si la princesa le habría olvidado, si realmente volvería a verla. Y decidió escribirle un cuento que había escuchado a un trovador unos años antes.
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MnGyver
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Tags: Historias
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El calendario (por Manel Fontdevilla)
Todos los día le echo un vistazo a la viñeta de Manel Fontdevilla en Público.
Me suele gustar bastante, pero la de hoy es de las mejores, sin duda.
El calendario
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MnGyver
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Tags: Humor, periódicos
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jueves 4 de diciembre de 2008
The monkey king
Un regalazo que me han hecho hoy:
The Monkey King
Os recomiendo que veáis el resto de los dibujos que tiene en el blog, ¡¡geniales!!
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MnGyver
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23:42
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Tags: Cómics, Ilustración
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lunes 1 de diciembre de 2008
Disfrazado de mosquetero
Un día este entrañable profesor que me dejó corregir mi propio examen –y ponerme un 10 sin mirarlo- nos anunció algo: “Mañana todo el mundo disfrazado”. A mí me hacía mucha ilusión, lo de disfrazarse tiene su gracia cuando eres tan canijo, estaba muy emocionado. Tan emocionado que al final del día salí escopetado a casa.
Cuando mi madre se recuperó del shock por tener que preparar un disfraz de un día para otro, me ofreció la posibilidad de ir disfrazado de mosquetero. ¡¡De mosquetero, nada menos!! Era mi disfraz favorito con diferencia, y además no se notaba que lo hubieran usado mis hermanos mayores -quizá de hecho no lo utilizaran, es algo que no recuerdo.
Así que al día siguiente me disfracé, me subí al autobús con toda la gente mirándome, y llegué al colegio.
Allí horror, soledad, angustia, tristeza y, sobre todo, rabia.
Yo era el único disfrazado.
Mis compañeros me preguntaban por qué iba disfrazado y se reían de mí, señalándome con el brazo y el dedo índice cruelmente estirados, Y no los bajaban, como si se les hubieran soldado los huesos de golpe.
Por lo visto en algún momento del día Kepa dijo que no hacía falta ir disfrazado, que era broma, o algo similar. Yo debía estar tan emocionado pensando en los disfraces, que no era consciente de las palabras que me rodeaban –un signo claro de lo que vendría años más tarde.
Cuando Kepa entró en clase se quedó paralizado unos momentos, con unos papeles en la mano que parecían flotar, no se movían lo más mínimo. De repente su rostro empezó a moverse estirando su gran barba, y una sonrisa amplia fue apareciendo en su cara. Una sonrisa que terminó en una carcajada cruel. Tan cruel que él mismo se dio cuenta y no duró más de dos míseros segundos, aunque para mí fueron infernales. Se me acercó, me preguntó que por qué venía disfrazado aunque conociera la respuesta, y…
Y ahí se acaban mis recuerdos de ese día, a excepción de estar en el recreo jugando disfrazado de mosquetero, tranquilamente, como cualquier otro día.
Quince años más tarde, recordando aquel día con mis amigos, como siempre ninguno recordaba más allá de lo que yo les había contado alguna que otra vez. Estábamos en el Alpisco, disfrutando de esas maravillosas mezclas de colores a precio de oro, cuando entró por la puerta Pablo M., un compañero en aquella clase de 1ºD al que veíamos cada varios meses –ahora, al menos yo, con una vez al año ya puedo dar gracias. Cuando le conté la historia que, increíblemente, no había escuchado ni una sola vez, la sonrisa de su cara cambió repentinamente a un rostro totalmente serio. Entonces, un par de segundos de silencio, seguidos de una carcajada que enmudeció momentáneamente al resto del bar. Me miró fijamente, increíblemente feliz, y me dijo: ¡¡Lo recuerdo. Ja, ja, ja. Yo lo recuerdo!!
En ese momento comprendí que esta historia no era fruto de mi imaginación. Habían pasado unos quince años, varias personas que estaban en mi clase ese día no lo recuerdan, pero Don Pablo lo recordó. Y con ello me dio un poco más de vida, un ligero soplo, con un gran esfuerzo por su parte para llegar a recuerdos tan profundos. Y esos recuerdos me hicieron muy feliz, a pesar de lo mal que lo pasé aquella mañana de primavera de 1987.
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MnGyver
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