Kepa era mi profesor de 1º de EGB. Un tío joven con una barba enorme al que recuerdo con cierto cariño, a pesar de los comentarios de amigos míos que no le recuerdan precisamente bien.
Un día este entrañable profesor que me dejó corregir mi propio examen –y ponerme un 10 sin mirarlo- nos anunció algo: “Mañana todo el mundo disfrazado”. A mí me hacía mucha ilusión, lo de disfrazarse tiene su gracia cuando eres tan canijo, estaba muy emocionado. Tan emocionado que al final del día salí escopetado a casa.
Cuando mi madre se recuperó del shock por tener que preparar un disfraz de un día para otro, me ofreció la posibilidad de ir disfrazado de mosquetero. ¡¡De mosquetero, nada menos!! Era mi disfraz favorito con diferencia, y además no se notaba que lo hubieran usado mis hermanos mayores -quizá de hecho no lo utilizaran, es algo que no recuerdo.
Así que al día siguiente me disfracé, me subí al autobús con toda la gente mirándome, y llegué al colegio.
Allí horror, soledad, angustia, tristeza y, sobre todo, rabia.
Yo era el único disfrazado.
Mis compañeros me preguntaban por qué iba disfrazado y se reían de mí, señalándome con el brazo y el dedo índice cruelmente estirados, Y no los bajaban, como si se les hubieran soldado los huesos de golpe.
Por lo visto en algún momento del día Kepa dijo que no hacía falta ir disfrazado, que era broma, o algo similar. Yo debía estar tan emocionado pensando en los disfraces, que no era consciente de las palabras que me rodeaban –un signo claro de lo que vendría años más tarde.
Cuando Kepa entró en clase se quedó paralizado unos momentos, con unos papeles en la mano que parecían flotar, no se movían lo más mínimo. De repente su rostro empezó a moverse estirando su gran barba, y una sonrisa amplia fue apareciendo en su cara. Una sonrisa que terminó en una carcajada cruel. Tan cruel que él mismo se dio cuenta y no duró más de dos míseros segundos, aunque para mí fueron infernales. Se me acercó, me preguntó que por qué venía disfrazado aunque conociera la respuesta, y…
Y ahí se acaban mis recuerdos de ese día, a excepción de estar en el recreo jugando disfrazado de mosquetero, tranquilamente, como cualquier otro día.
Quince años más tarde, recordando aquel día con mis amigos, como siempre ninguno recordaba más allá de lo que yo les había contado alguna que otra vez. Estábamos en el Alpisco, disfrutando de esas maravillosas mezclas de colores a precio de oro, cuando entró por la puerta Pablo M., un compañero en aquella clase de 1ºD al que veíamos cada varios meses –ahora, al menos yo, con una vez al año ya puedo dar gracias. Cuando le conté la historia que, increíblemente, no había escuchado ni una sola vez, la sonrisa de su cara cambió repentinamente a un rostro totalmente serio. Entonces, un par de segundos de silencio, seguidos de una carcajada que enmudeció momentáneamente al resto del bar. Me miró fijamente, increíblemente feliz, y me dijo: ¡¡Lo recuerdo. Ja, ja, ja. Yo lo recuerdo!!
En ese momento comprendí que esta historia no era fruto de mi imaginación. Habían pasado unos quince años, varias personas que estaban en mi clase ese día no lo recuerdan, pero Don Pablo lo recordó. Y con ello me dio un poco más de vida, un ligero soplo, con un gran esfuerzo por su parte para llegar a recuerdos tan profundos. Y esos recuerdos me hicieron muy feliz, a pesar de lo mal que lo pasé aquella mañana de primavera de 1987.
Inaugurado el Parque Fernando Múgica de Getafe
Hace 3 horas


4 comments:
jejejee... q majete estas de mosquetero con botas
un poco cabrón el Kepa, pero creo q yo tb me habría reido un poco!
por cierto, manzanares sigue igual exceptuando el papel de la pared (q le da un caché importante)
Grande Manga!!!!! cuenta cómo señalabas en la pizarra usando para ello tu espada.... cuenta cómo te apropiaste de todas las maquinitas de la cuesta amenazando a los infantes allí congregados... cuenta... cuenta maldito!!! (yo espero que pronto expliques el extraño caso de la zapatilla en la alcantarilla)
Un beso, eres un puto genio, no cabe duda!!!!
Grande...Descomunal historia, querido manguerile.
Una que ha trascendido de clásica a mítica., y son pocas las que tienen ese honor.
@Inkfected: Lo que usted me cuenta, teniendo en cuenta que es autor de Las Crónicas del Imán, es uno de los mayores cumplidos que jamás me han hecho. ^_^
Publicar un comentario en la entrada