Domingo, 28 de septiembre
Un horrible chillido de vieja despierta a todo el edificio. Es la señora del hostal hablando por la megafonía. Algo en japonés indistinguible para nosotros y los muchos australianos que había allí, pero claramente desagradable. Era una mala forma de empezar el día.
Aprovechando que amaneció un sol espectacular y que era domingo, decidimos ir a Nara, con uno de los parques más famosos del país y la mayor estructura de madera del mundo. Fue fundada en 710 para ser la nueva capital del país, hasta que en 784 fue movida a Nagaoka.
Muchos de los edificios y lugares más famosos de Nara son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998.
Esta vez no fuimos en Shinkansen, pero los trenes rápidos tardan unos 45 minutos, así que tampoco fue un problema, a las nueve y media ya estábamos allí.
Iniciamos nuestro recorrido por la ciudad dando una vuelta por los templos y santuarios.
El primero fue el templo budista Kofuku-ji, construido originalmente en 730.
Desde allí nos encaminamos al estanque de Saruwasa, hasta arriba de tortugas tomando el sol.
Después del estanque nos dedicamos a perdernos por la ciudad, sin ninguna dirección concreta.
Hasta que nos cansamos y nos dirigimos al Parque de Nara. Por suerte no nos costó mucho llegar.
Este Parque es famoso sobretodo por sus ciervos sika, animal considerado sagrado en Japón como mensajeros de los dioses por el shintoismo.
Había una señora que vendía una especie de obleas para darle de comer a los ciervos. Las tenía muy bien protegidas para que los ciervos no las pudieran coger. Al principio me pareció un poco exagerado, hasta que un ciervo, después de repartir el paquete que le compré a la señora, se enfadó y empezó a embestirme. Menos mal que les cortan los cuernos, porque el tío me daba con fuerza.
El santuario Kasuga Taisha se encuentra dentro del parque. Se estableció en 710, el año de fundación de la ciudad. Cada año, en el Festival Mantoro, se encienden unas 2.000 linternas de piedra a lo largo del camino que lleva al templo, además de otras 1.000 linternas colgantes.
Nos encontramos una boda el santuario.
A continuación fuimos al templo Todai-ji, donde se encuentra el Daibutsuden, la mayor estructura de madera del mundo. En su interior se encuentra una enorme estatua de Buda.
Para la siguiente foto tuve que pedirle a un japonés, con mi japonés rudimentario, que nos hiciera una foto. Era extraño, porque al hombre le costaba más de lo normal entenderme, y la frase es muy fácil. Cuando empezó a hablar parecía que las palabras no querían salir de su boca. De repente empezó a hablarme en inglés y me dijo que era chino, y que casi no sabía japonés, pero que sí hablaba inglés. Me llevé un chasco como pocos en la vida ^_^u
A la vuelta nos pasamos por las tiendas y recreativos de la zona. Una de las máquinas que no habíamos visto nunca es esta de pasear a un perro, en la que tienes que correr detrás de él a su ritmo, que además no era precisamente estable. Yo lo hice fatal, GaGárate no lo hizo del todo mal.
Ya de vuelta en Kyoto, fuimos al hostal al ofuro, y salimos a dar una vuelta de noche.

Estación de Kyoto al llegar de Nara

El centro comercial Sanjo-Keihan

Desde Keihan-shinjo hacia Sanjo-keihan

El Teatro Minamiza, famoso fuera de Japón gracias a la novela de Arthur Golden Memorias de una geisha























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